domingo, 24 de abril de 2011

Es el mito el que tienta la mente humana a explorar las profunidades del espíritu humano. [...] [Pero cabe señalar que,] si bien hay un mundo implícito en los mitos, la religión tan sólo es uno de los lenguajes desarrollado por el hombre para articularlo, siendo otro el de la filosofía.
De estos dos lenguajes el primero, el religioso, sin embargo, 'petrificaba' el mito que, como frontera, tenía la función de retar la ingeniosidad de la mente humana a explorar las profundas verdades atesoradas desde tiempos inmemoriables en los mitos. Además, tal exploración dependía precisamente de la permeabilidade de dicha frontera, que la religión, empero, convertía en un misterio impenetrable. [...]
El otro lenguaje, el filosófico, inmerso aún en el mito, que le sirve de arcano para los misterios —verdades conservadas desde los tiempos más remotos—, les revela a los iniciados, a los μυσται dichas verdades en su terminología mítica. Sólo los no iniciados, entonces, estando ajenos a la semasiología correspondiente, veían en los mitos ya sea incomprensibles símbolos, que habían de ser aceptados con fe, ya sea, como Agustinus, aberraciones.

Horst Matthai,
"El hombre y sus fronteras. Una visión filosófica",
Estudios sobre las culturas contemporáneas, año/vol. IV, no. 11, Colima, marzo 1991, pp. 39-40

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